187957631 patrologia san goyo nisa virginidad doc


UNIVERSIDAD CAT�LICA LUMEN GENTIUM

ESCUELA DE TEOLOG�A

TRATADO DE LA VIRGINIDAD

DE SAN GREGORIO DE NISA

PRESENTA:

ARENAS BLANCO H�CTOR JOEL, FMAP.

1� SEMESTRE

ASIGNATURA:

HISTORIA DE LA TEOLOG�A I

PROFESOR:

DR. MARIO �NGEL FLORES

M�xico D. F., a 29 de noviembre de 2013.

Introducci�n.

Una acci�n fundamental que asegure el buen caminar de la Iglesia es precisamente el estudio y reflexi�n acerca de su historia, ya que �sta se ha forjado por casi dos mil a�os en donde ha sucedido de todo. Quiz�s lo m�s frecuentemente mencionado actualmente es la larga lista de pecadores que la han lastimado. Sin embargo, una etapa decisiva que le brind� enromes frutos de santidad y erudici�n fue sin duda la patr�stica. Aproximadamente cinco siglos de grandes personajes que forjaron el pensamiento cristiano hasta el punto de encaminarlo hacia la maduraci�n, en medio de conflictos pol�ticos, movimientos heterodoxos y dem�s situaciones desfavorables.

En estos tiempos, tras el concilio Vaticano II el estudio de la patr�stica ha cobrado un nuevo impulso, sobre todo por lo necesario que es el conocimiento y profundizaci�n sobre los or�genes del cristianismo. Ya lo mencionaba el cardenal Newman en Apologia pro vita sua: �Profundizar en la historia de la Iglesia significa la muerte del protestantismo�.

Pues bien, el siguiente escrito es una investigaci�n acerca del padre capadocio Gregorio de Nisa, desde su tratado sobre la virginidad. Abordaremos en primer lugar los aspectos biogr�ficos del niseno as� como del origen de la obra antes mencionada, subrayando los testimonios acerca de la existencia y composici�n del escrito. Posteriormente analizaremos la obra para visualizar su contenido, doctrina y espiritualidad, para concluir con las influencias y reacciones que suscit�.

Para llevar esto a cabo emplearemos una traducci�n del texto debidamente aprobada y fiable; asimismo nos apoyaremos en algunos manuales de patrolog�a para la consulta general.

Testimonios sobre la obra.

El tratado parece haber sido escrito entre 370-371 siendo Gregorio ya obispo aunque no a�n destinado a Nisa, en donde se hace referencia a la Regla de su hermano Basilio, lo que supone cierta influencia de �ste para la composici�n del trabajo niseno. Las numerosas copias de los manuscritos en la Edad Media prueba que fue muy le�do en aquel entonces; aunque m�s tarde, en 1574 apareci� la primera edici�n impresa moderna gracias a Johannes Livineius en Amberes; despu�s, en 1615 Morellus publica en Par�s este tratado.

Informaci�n sobre el autor.

Del obispo niseno sabemos que fue el �ltimo de los tres grandes padres capadocios; nacido en Ponto, regi�n de Cesarea de Capadocia entre 335-340, siendo hermano menor de Macrina y Basilio, obispo de Cesarea quien lo nombrar�a entre 371-372 obispo de Nisa. Ejerci� el lectorado dentro de la comunidad eclesi�stica, aunque m�s tarde lo descuid� por dedicarse a la ret�rica, lo que m�s tarde apoyar�a su labor pastoral. Entre sus obras tenemos 11 tratados dogm�ticos (entre �stos Contra Eunomio), 10 obras exeg�ticas (que incluyen La vida de Mois�s), 6 obras asc�ticas (en donde se encuentra el tratado La Virginidad), 5 tipos de sermones y discursos, y aproximadamente 30 cartas. Asisti� a los concilios de Antioqu�a en 379, a�o de la muerte de Basilio, y Constantinopla entre 381-382. Su fallecimiento parece ocurrir aproximadamente en 395.

Datos sobre la composici�n.

Una influencia decisiva sobre Gregorio sin duda fue su hermano Basilio y su escrito destinado a los monjes, la Regla. En efecto, el tratado del niseno hace referencia al escrito de su hermano, lo que parece confirmar que Gregorio escribi� motivado por su hermano para la contribuci�n a la formaci�n de los monjes, aunque tambi�n parece estar influenciado por motivos meramente filos�ficos pues los ret�ricos y fil�sofos contempor�neos al niseno escrib�an de forma similar al tratado de �ste. Sin embargo, como se�ala J. P. Carvanos, el tratado no fue compuesto con una forma definitiva sino que el mismo Gregorio fue a�adiendo a su obra enriqueci�ndola m�s, incluso cuando el escrito ya circulaba p�blicamente.

G�nero literario.

El tratado niseno est� escrito en forma de elogio y exhortaci�n a la virginidad, lo que tambi�n se le conoce como encomio, g�nero literario antiguo bien conocido por el obispo; sin embargo, la forma en que est� compuesto se le suele clasificar como discurso exhortativo.

Finalidad del escrito.

Gregorio se dirige especialmente a la juventud que, marcada por la inexperiencia, desea iniciarse en este estilo de vida; por ello, con el tratado les ofrece una especie de manual a modo de gu�a pr�ctica para que de modo seguro incursione en la asc�tica nisena.

Divisi�n y contenido.

El tratado de san Gregorio de Nisa se divide 23 cap�tulos precedidos de un pr�logo del mismo a manera de carta indicando la concatenaci�n de las ideas que conforman su obra; el contenido de estos cap�tulos se muestra a continuaci�n.

En el cap�tulo I, en tres par�grafos se alaba a la virginidad en cuanto que ning�n elogio logra adecuarse a la grandeza de esta virtud.

El cap�tulo II, elogia la virginidad en cuanto a su origen, que es Dios incorrupto quien parad�jicamente tiene un Hijo sin la intervenci�n de la pasi�n carnal.

Sobre el cap�tulo III, se introduce la noci�n de que Gregorio no es c�libe pues aqu� expresa el deseo de poder practicar la virginidad, adem�s de ser �sta una virtud envidiable al mismo tiempo que exhorta a los que tienen la posibilidad de ser v�rgenes a la constancia en su empresa; posteriormente se hace un sint�tico listado de las tribulaciones que padecen los casados y se comenta que el pensamiento en la muerte hace m�s angustioso el matrimonio pues aunque haya alegr�as en la vida conyugal �stas ser�n opacadas por la incertidumbre ante la muerte de la esposa. Por otro lado se exhorta a ver en las cosas mundanas bienes aparentes y caducos, adem�s de advertir sobre el riesgo del parto que termina en muerte ya que es una tribulaci�n que puede acabar con la felicidad del matrimonio y la familia entera. Brevemente se hace referencia a que la angustia se puede extender a�n tras un parto exitoso debido la preocupaci�n por la educaci�n de los ni�os y el buen trayecto del matrimonio, adem�s Gregorio escribe que la angustia se extiende a aquella mujer que en la juventud enviuda opacando por completo la alegr�a de las nupcias recientes; ante esta situaci�n el obispo recomienda la opci�n de las mujeres v�rgenes que no se atribulan por las angustias matrimoniales y comenta nuevamente que las angustias de esta vida se agravan con el matrimonio e incluso vienen penas nuevas con �ste.

En el cap�tulo IV encontramos a�n una exposici�n sobre algunos males que tienen su origen en el matrimonio como son las envidias, odios, pasiones carnales, etc., por lo que para evitar tales es necesario resistir a las pasiones ef�meras sabiendo que todo lo que implica la vida terrena es igual de ef�mero; y la manera de combatir estos males es la proposici�n a la vida virginal como una manera de probar la naturaleza no corp�rea, o vida m�s divina, estando a�n en este mundo.

El cap�tulo V introduce una noci�n fundamental para la doctrina del obispo niceno, y es el hecho de que la ley de la naturaleza no es impedimento ni negaci�n para la pureza del alma pues hay movimientos naturales necesarios que al condescender a �stos no opacan ni alejan de tal pureza. Sobre el cap�tulo VI se nos exponen los ejemplos de El�as y Juan el bautista quienes al apartarse del mundo desde su juventud y sin distracciones de la mente, ambos lograron encaminarse hacia su fin y elevarse a la verdad.

El cap�tulo VII es el aclaratorio sobre la verdadera postura de Gregorio acerca del matrimonio, subrayando que no lo considera despreciable sino lo que es natural y cuyas responsabilidades implicadas se deben asumir sabia y moderadamente, pero tambi�n se recalca la grandeza de la virginidad por ir contracorriente a la naturaleza; tambi�n se demuestra que es una virtud por ser un justo medio.

Lo referente al cap�tulo VIII es en primer lugar una advertencia a no ser imprudente al tratar de vivir la virginidad puesto que la debilidad humana hace muy dif�cil alcanzar el equilibrio en este estilo de vida. Acerca del cap�tulo IX tenemos la tesis de que es muy dif�cil cambiar el h�bito en todas las cosas, pero especialmente en la persona que desde su juventud se ha entregado a los placeres mundanos. El punto de partida de Gregorio para esta afirmaci�n es el hecho de que el hombre cambia constantemente su criterio sobre las cosas influenciado por el modo en que obra. Por ello recomienda a los d�biles espiritualmente a ver en la virginidad una fortaleza segura para evitar la divisi�n en el coraz�n y ocuparse mejor de los asuntos espirituales.

En el cap�tulo X el obispo se pregunta sobre lo verdaderamente deseable ya que en los cap�tulos anteriores se ha dedicado a evidenciar que el mundo aunque es deseable, lo es en cierta medida cuando el hombre se apega a lo naturalmente necesario; eso verdaderamente deseable es el Bien primordial, que es como el Sol ante un chispazo compar�ndolo con los dem�s bienes terrenos. Ahora bien, aunque sea absolutamente trascendente esta realidad est� latente el peligro de desentenderse de su b�squeda, por lo que el obispo comenta sobre la necesidad de apoyar sobre algo conocido la cognici�n de aquel Bien m�ximo.

En el cap�tulo XI Gregorio expone, a modo de continuaci�n de la conclusi�n del cap�tulo anterior, una especie de itinerario espiritual del hombre hacia Dios; tal programa est� marcado por la purificaci�n que debe padecer el alma para librarse de lo terrenal, aunque parte de su conocimiento de lo bello para elevarse y brillar en la claridad para llegar a ser un medio de manifestaci�n divina.

El cap�tulo XII introduce la reflexi�n acerca de la purificaci�n que se logra por medio de la virginidad para lograr contemplar la belleza divina. El cap�tulo XIII refiere a la renuncia del matrimonio como el comienzo de un cuidado especial por s� mismo, lo que es fundamental para la asc�tica de la virginidad. En el siguiente cap�tulo, XIV, se expondr� la necesidad del estado virginal como medio para frenar el poder de la muerte. Sobre el cap�tulo XV tenemos que la evidencia de la virginidad se hace notar en toda actividad del que la practica.

El contenido del cap�tulo XVI versa sobre las consecuencias que acarrea el no practicar las virtudes, especialmente la virginidad; y sobre el que la pone en pr�ctica, en el cap�tulo XVII se advierte que el apartarse de tan solo un componente de tal asc�tica trae consigo el riesgo de apartarse por completo del estado virginal. Por ello, en el cap�tulo XVIII Gregorio pone �nfasis en que el aspirante al ejercicio espiritual concentre todas sus fuerzas en lograr el anhelado estado c�libe. Para ilustrar la obtenci�n y pr�ctica de la virginidad, el obispo toma como ejemplo a Mar�a, hermana de Aar�n quien desde �pocas veterotestamentarias inaugur� la vivencia de la virginidad como ejercicio espiritual.

En los cap�tulos XX y XXI, el niseno subrayar� la importancia de optar completamente por la virginidad si es el caso de haberla elegido, pues no se puede llevar una doble vida pretendiendo alcanzar dicho estado c�libe y a la vez inmerso en otros placeres contrarios.

El cap�tulo XXII es el que contiene la tesis nisena de que la virginidad no es mortificar la carne m�s all� de lo que las propias capacidades alcancen; y finalmente, en el cap�tulo XXIII Gregorio se dedica a demostrar la necesidad de un director espiritual en esta gran empresa, e incluye una serie de especificaciones para elegir el gu�a correctamente.

Doctrina.

La ense�anza del obispo niseno sobre la virginidad se puede sintetizar en ocho temas que a continuaci�n exponemos:

1.- Freno al poder de la muerte.

Este es uno de los argumentos de Gregorio que demuestran la necesidad del estado virginal, y sigue en s�ntesis esta concatenaci�n. En primer lugar la muerte se concibe como un proceso biol�gico de corrupci�n inminente en toda la humanidad que acaba con la vida; luego, este proceso se va prolongando exponencialmente mientras haya m�s seres humanos en vida; as�, el matrimonio es una forma de extenderlo y mantenerlo inmerso en la cotidianidad ya que al ejercer la funci�n reproductiva y por ende engendrar m�s personas, la muerte inminente de �stos en un momento dado no posee l�mite alguno para proseguir. Entonces, para Gregorio la cadena de la muerte puede ser frenada en cierta forma reduciendo el n�mero de muertes, y esto se logra reduciendo el �ndice de natalidad, aunque no por la v�a anticonceptiva, sino por la opci�n a la vida c�libe. En efecto, el niseno ve en la virginidad una forma de frenar el poder de la muerte reduci�ndolo s�lo al virgen, impidiendo que la muerte se extienda m�s. Para reforzar el argumento, Gregorio menciona que con la virginidad de la Madre de Dios la muerte que comenz� su poder desde el primer Ad�n se top� con un l�mite infranqueable pues fue como el fuego que no encontr� le�os para alimentarse. De este modo, el niseno demuestra la necesidad de la virginidad como intento de freno al poder mortal en la humanidad.

2.- Dimensi�n escatol�gica.

Para Gregorio la virginidad significa una imagen experiencial del �siglo venidero� es decir, la vida futura. En efecto, dicha condici�n futura se caracteriza por el triunfo sobre lo mortal en donde la uni�n matrimonial ya no es necesaria para la realizaci�n de la plenitud humana, por lo que el estado virginal se presenta como una anticipaci�n de aquellos bienes futuros con los cuales se fructifica no para lo carnal sino para Dios; de este modo se alcanza la bienaventuranza y se est� en condiciones m�s propicias para aguardar la manifestaci�n plena de Dios. Adem�s, el que es virgen se asemeja m�s al estado pleno del hombre en la vida futura, haciendo el obispo alusi�n a Lc 20, 36.

3.- Perfil integrador cuerpo-alma.

Sobre este punto, el obispo niseno concibe en la pr�ctica de la virginidad una forma de ejercicio integrador del hombre ya que el no ceder a las pasiones que afectan al cuerpo derivan en la tranquilidad del alma debido a la uni�n espiritual que el virgen hace con el Esposo, y precisamente dicha entrega es total, es decir, cuerpo y alma pues es inconcebible el ser virgen s�lo como un ejercicio mental o a la mera abstenci�n de lo carnal. La virginidad implica la pureza de ambas dimensiones humanas.

4.- Relaci�n esponsal con Cristo.

En continuidad con el punto anterior, la virginidad supone una entrega; es decir, el ejercicio del estado c�libe implica una finalidad en t�rminos parad�jicamente esponsales, pues as� como en el matrimonio la clave del �xito est� en la entrega mutua fundada en la relaci�n, tambi�n el virgen entra en relaci�n con una persona, el Esposo, siendo �ste el fin de todos los esfuerzos y sacrificios que implique la virginidad. Gregorio toma esta imagen marital bas�ndose en el ejemplo paulino en Ef 5. Incluso designa esto como un matrimonio espiritual que requiere de ciertas caracter�sticas de parte del aspirante a la virginidad para llevarse a cabo; tales requerimientos son jovialidad (que bien se puede entender como una actitud de total disponibilidad as� como de fortaleza y salud), renovaci�n mental como signo de capacidad de desprendimiento de lo pasajero, poseedor de virtudes, maduro en decisiones personales, constante en el ejercicio espiritual, y amante de la sabidur�a. Es sumamente importante se�alar que el Esposo, Cristo, es el virgen por excelencia quien reintroduce el estado virginal en el mundo, ya que se encarn� no por obra carnal sino sobrenatural siendo �l la fuente de toda incorrupci�n, demostrando as� que s�lo la pureza es capaz de acoger la manifestaci�n de Dios.

5.- Fuente de obtenci�n de dones espirituales.

A modo de continuaci�n del punto anterior, el matrimonio espiritual trae consigo frutos que en la vida presente se pueden disfrutar, y en esto consiste la experiencia del anticipo de los bienes futuros de los que se hablaba sobre la dimensi�n escatol�gica de la virginidad. De hecho, el niseno designa estos frutos como regalo de bodas, de lo que se puede concluir que �stos son consecuencias del estado virginal. Tales frutos son concebidos y enumerados por Pablo en Ga 5, 22 a quien Gregorio llama Nymphost�los o preparador para el matrimonio, debido a la funci�n de gu�a del ap�stol para la Iglesia que encamina como una novia hacia el Esposo.

6.- Abarcadora de g�neros.

A�n con abundante influencia paulina, Gregorio contin�a desarrollando su doctrina acerca de la virginidad; ahora, apoyado de Ga 3, 38 introducir� una nueva cuesti�n: la virginidad no es propia de un g�nero espec�fico. En efecto, en la cita de Pablo comenta que, como ya no hay distinci�n entre hombre y mujer en relaci�n a Cristo, en lo que respecta a la virginidad no hay distinci�n de g�neros; es decir, todo el tratado de la virginidad est� dirigido a todos los interesados en la vida virginal, sin importar si se trata de un hombre o una mujer.

7.- Finalidad basada en el equilibrio.

Como �ltimo punto doctrinal sobre la virginidad, y quiz�s una de las reflexiones m�s originales de Gregorio niseno, es el se�alar que la virginidad no es ni debe ser mera reprensi�n de la carne ni piedad excesiva. En efecto, esta pr�ctica asc�tica mira a la perfecci�n por lo que los excesos innecesarios deben eliminarse. Ya sea que el no controlar debidamente las pasiones carnales debilite la inteligencia, o que �sta quede extenuada y sin fuerzas por el rigorismo en el trato hacia lo corporal son dos actos incompatibles con la virginidad llevada correctamente. Ahora bien, la cuesti�n del equilibrio para el obispo tiene que ver con la cosmovisi�n m�dica de su tiempo puesto que de acuerdo a �sta, el hombre estaba conformado por cuatro elementos contrarios entre s�, a saber, caliente, fr�o, h�medo, seco; la salud f�sica depend�a del equilibrio entre estos elementos. Aplicando esta comparaci�n al ejercicio virginal, Gregorio trata de decir que el aspirante se conozca as� mismo, que sepa qu� capacidades tiene y con ello llevar a la pr�ctica esta asc�tica hasta donde a�n sea capaz de la servicialidad sin verse afectado negativamente como consecuencia de practicar algo que supere lo que est� a su alcance hacer

8.- Necesidad del gu�a espiritual.

Como una especie de ap�ndice, Gregorio finaliza su tratado reflexionando sobre la utilidad y sobre todo, la necesidad del aspirante a ser guiado en su ejercicio asc�tico primero por cuatro razones: la experiencia como requerimiento del conocimiento de la virginidad, la inmadurez de la juventud, necesidad de discernimiento en los logros efectuados y los peligros de confundir rigorismos innecesarios con la asc�tica de la virginidad. Posteriormente se exponen las caracter�sticas de este director espiritual que b�sicamente se pueden sintetizar en la pr�ctica exitosa de la virginidad, imitabilidad respecto al historial de vida sostenido y sabidur�a abundante para la correcta gu�a del ne�fito.

Espiritualidad.

Al profundizar en esta obra nisena en su totalidad se puede apreciar que en conjunto toda la doctrina de la virginidad que propone Gregorio es un legado espiritual valioso y �til a�n en nuestros d�as. Pues bien, en seis puntos intentaremos sintetizar el aspecto espiritual presente a lo largo del tratado; algunos puntos tal vez fueron mencionados en el apartado sobre su doctrina, pero vemos conveniente retomarlos para subrayar la espiritualidad del niseno presente en su escrito.

1.- Itinerario del hombre hacia Dios.

Para llegar a la contemplaci�n de las realidades divinas, que no son evidentes carnalmente, es necesario no limitarse a las apariencias y a lo que �nicamente capta la vista. Por ello, para el niseno es necesario superar el plano mundano para que el hombre, que es imagen y semejanza de Dios, pueda trascender hacia lo perfecto; esta labor es posible realizarla tras la purificaci�n que implica el estado virginal ya que en tal condici�n es posible percibir lo que los ojos no les es posible ver, en este caso, la belleza y dignidad verdadera de las cosas, y con ello se da un paso en adelante hacia el encuentro con Dios. Al parecer, esta argumentaci�n tiene influencias neoplat�nicas por el hecho de subrayar el aspecto ef�mero y aparente de lo mundano en contraposici�n con lo celestial perfecto. Sin embargo, probablemente influenciado por el pensamiento paulino presente en Rm 1, 20 por analog�a se puede trazar una v�a de acceso al conocimiento de Dios partiendo de las creaturas, esfuerzo retratado en el ejercicio virginal desde la perspectiva nisena.

2.- Asc�tica que trasciende al mundo.

En conexi�n con el punto anterior, el itinerario descrito anteriormente se lleva al acto debido a que el hombre est� en tensi�n hacia Dios siendo que la virginidad es un medio para llevar a buen t�rmino dicho movimiento, esto comparado con el agua de un manantial que tiende a desembocar en el mar; la virginidad ser�a como el cerrar todas las vertientes posibles que desv�en el caudal del manantial, logrando que la mayor parte de agua desemboque hacia su destino. De este modo, el estado virginal es un auxiliar en la lucha por superar las distracciones posibles que se presenten, reivindicando la vocaci�n del hombre a trascender de este mundo hacia Dios.

3.- Sano equilibrio.

La espiritualidad nisena se caracteriza por el cuidado que tiene de no caer en los extremos; en efecto, el practicar la virginidad trae consigo el riesgo de confundirla con la mera reprensi�n del cuerpo, o por el contrario, a la incongruencia entre �sta y vivirla. Si lo vemos con detenimiento la intenci�n del obispo es resaltar el hecho de no poner por encima del hombre la pura acci�n, aunque no con ello tampoco se minusvalore el acto en s�; en resumen, la virginidad como ejercicio espiritual debe ser llevada a cabo en armon�a con las capacidades humanas.

4.- Discernimiento continuo.

Debido a que la virginidad es susceptible a la tergiversaci�n confundi�ndola o reduci�ndola a s�lo la renuncia del matrimonio, Gregorio sostiene que es necesario un continuo discernimiento en el que re replante� continuamente los motivos por los cuales se ha optado por este modo de vida ya que si tal ideal no se apoya en algo firme se puede volver fallido. El obispo cita el ejemplo de la par�bola de la pesca en Mt 13, 47-48 en donde el pescador escoge de entre tantos peces s�lo los mejores para el consumo y depurando los inservibles y nocivos; precisamente esa es la labor del discernimiento continuo: depurar todo aquello que estorbe o amenace alcanzar dicha virtud. Esta acci�n denota la dinamicidad constante del ejercicio espiritual en cuesti�n.

5.- Ofrenda sacerdotal.

Los �ltimos p�rrafos del tratado son referidos directamente a la virginidad practicada por los sacerdotes en t�rminos de ofrecimiento. En efecto, el ministerio sacerdotal implica ofrecerse juntamente con Cristo pues el presb�tero ha sido llamado al seguimiento radical de Jes�s de Nazaret, y una forma leg�tima de llevarlo a cabo es precisamente la experiencia del estado virginal a semejanza del Mes�as. Con ello, el niseno reivindica el papel del sacerdote cristiano como imitaci�n de Cristo pues tal esfuerzo supone el estar crucificado con el Se�or, citando Ga 2, 19.

6.- Sagrada Escritura como fundamento e inspiraci�n motivante.

Como ap�ndice a esta s�ntesis de la espiritualidad del tratado niseno, se�alemos el uso abundante que el obispo hace de la Escritura, tanto para sus distintas alegor�as como para la elaboraci�n y sustento de sus argumentaciones. �sta funciona como fundamento que goza de autoridad un�nime en la comunidad cristiana, por lo que es un cimiento seguro para la elaboraci�n de su doctrina, aunque no se descarten influencias extrab�blicas como el neoplatonismo. As�, vemos un tratado lleno del esp�ritu de las Escrituras, en especial del Nuevo Testamento, propio de un Padre de la Iglesia como es Gregorio de Nisa.

Importancia para la historia.

Es innegable el hecho de que el tratado del obispo niseno est� ligado al movimiento monacal de oriente que impuls� su hermano Basilio; esto se debe a que el obispo de Cesarea tras escribir la Regla para la correcta legislaci�n del ascetismo monacal, y el impulso de Macrina, su hermana, a la formaci�n de comunidades femeninas ascetas, se presenta la obra gregoriana-nisena como orientaci�n religiosa en sentido estricto para los monjes. Se puede apreciar entonces la reacci�n de Gregorio ante el trabajo de sus hermanos a modo de complementaci�n, lo que sin duda inaugur� el legado espiritual asc�tico de este padre capadocio, por lo que es justificable el t�tulo que en estos �ltimos a�os se le ha otorgado: Padre del Misticismo.

Finalmente, la propuesta nisena sobre esta clase de ascetismo no deja de ser actual pues pone en tela de juicio cualquier intento de primac�a de lo carnal y ef�mero, rescatando la vocaci�n de hombre el cual est� en tensi�n constante hacia la plenitud de su ser. Adem�s, por ser una asc�tica de equilibrio, la virginidad en sentido niseno denuncia todo intento de reduccionismo represivo, ideol�gico y exhibicionismos in�tiles, buscando siempre el equilibrio de la persona. Y en general, la virginidad es una reivindicaci�n del celibato como forma de vida que trae consigo diversos beneficios que contribuyen a la plenitud de la persona.

Conclusi�n.

Al final de esta investigaci�n, los resultados obtenidos desde la traducci�n espa�ola y mediante la consulta con los manuales, son los siguientes.

La doctrina de la virginidad de Gregorio abarca ocho puntos b�sicos, a saber, es un freno al poder de la muerte; posee una funci�n escatol�gica; integra alma y cuerpo; se compara con un matrimonio pero en sentido espiritual, es decir, con Cristo; de dicha uni�n esponsal se obtienen diversos bienes espirituales; tal asc�tica es aplicable tanto en hombres como en mujeres; su �xito est� basado en el sano equilibrio; y se requiere de un gu�a para evitar desviaciones en la pr�ctica de los ne�fitos.

Sobre la espiritualidad tenemos que, en seis temas, se conforma por el itinerario del hombre hacia Dios; la asc�tica que trasciende al mundo; la b�squeda del equilibrio; el discernimiento continuo; el ofrecimiento sacerdotal; y la abundante fundamentaci�n e inspiraci�n en la Escritura.

Bibliograf�a.

GREGORIO DE NISA, La virginidad, Madrid 2000.

BERARDINO, A. D., et al, Diccionario patr�stico y de la antig�edad cristiana I, Salamanca 1991.

MORESCHINI, C.-NORELLI, E., Patrolog�a. Manual de literatura cristiana antigua griega y latina, Salamanca 2009.

QUASTEN, J., Patrolog�a II. La edad de oro de la literatura patr�stica griega, Madrid 2001.

TREVIJANO, R., Patrolog�a, Madrid 2004.

�ndice general.

Introducci�n 2

Testimonios sobre la obra 3

Informaci�n sobre el autor 3

Datos sobre la composici�n 4

G�nero literario 4

Finalidad del escrito 5

Divisi�n y contenido 5

Doctrina 8

Espiritualidad 13

Importancia para la historia 16

Conclusi�n 17

Bibliograf�a 18

Cf. J. QUASTEN, Patrolog�a II. La edad de oro de la literatura patr�stica griega, Madrid 2001, 300-302.

Cf. A. D. BERARDINO, et al, Diccionario patr�stico y de la antig�edad cristiana I, Salamanca 1991, 984.

Cf. C. MORESCHINI-E. NORELLI, Patrolog�a. Manual de literatura cristiana antigua griega y latina, Salamanca 2009, 280.

Cf. R. TREVIJANO, Patrolog�a, Madrid 2004, 231.

Cf. Ib�d.

Cf. J. QUASTEN, Patrolog�a II. La edad de oro de la literatura patr�stica griega, Madrid 2001, 286-315.

Cf. Cf. A. D. BERARDINO, et al, Diccionario patr�stico y de la antig�edad cristiana I, Salamanca 1991, 985.

Cf. C. MORESCHINI-E. NORELLI, Patrolog�a. Manual de literatura cristiana antigua griega y latina, Salamanca 2009, 281.

Cf. J. QUASTEN, Patrolog�a II. La edad de oro de la literatura patr�stica griega, Madrid 2001, 302.

Cf. L. F. MATEO-SECO, Introducci�n en GREGORIO DE NISA, La virginidad, Madrid 2000, 17-18.

Cf. L. F. MATEO-SECO, Introducci�n en GREGORIO DE NISA, La virginidad, Madrid 2000, 18-19.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, Madrid 2000, 116-117.

Literalmente dice que la muerte se estrell� y disolvi� al no tener en d�nde clavar el aguij�n.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, Madrid 2000, 116-117.

Cf. Ib�d., 119-120.

Cf. Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, 121-122.

Cf. Ib�d., 125-126.

Cf. Ib�d., 145-146.

Cf. Ib�d., 146-148.

Cf. Ib�d., 46.

Expresi�n nisena que hace ver la originalidad de Gregorio en el ejercicio teol�gico.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, 144-146.

Cf. Ib�d., 147-148.

Conocida como isokrat�ia.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, 152-155.

Cf. Ib�d., 157-162.

Cf. Ib�d., 157-166.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, 95-96.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, 78-80.

Cf. Ib�d., 152-155.

Cf. GREGORIO DE NISA, La virginidad, 137-139.

Cf. Ib�d., 166-168.

Cf. J. QUASTEN, Patrolog�a II. La edad de oro de la literatura patr�stica griega, Madrid 2001, 299.

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